Manejo sostenible del suelo para la preservación de la biodiversidad

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Hemos visto en varios posts que la diversidad biológica es esencial para la vida en La Tierra, sin embargo, a pesar de ser un hecho conocido por todos, las actividades humanas han ido provocando su pérdida. En la agricultura las actividades que la ponen en peligro y que aceleran irremediablemente su pérdida son:

  • La conversión del hábitat natural a producciones agrícolas.
  • El aporte excesivo de nutrientes (especialmente nitrógeno y fósforo).
  • El laboreo excesivo y el volteo de la tierra.
  • La falta de coberturas de suelo.
  • El uso excesivo de fitosanitarios.
  • Las prácticas intensivas como el monocultivo.
  • La mala gestión del agua de riego.

Sin embargo, abordar esta problemática no es sencillo ya que los ecosistemas agrícolas conforman una red muy compleja con relaciones muy concretas, por lo que el daño en alguna de ellas puede afectar en cadena a todos las demás. Es por ello por lo que se hace necesario un enfoque integrado que reúna medidas para promocionar la salud del suelo, de los cultivos y de los microorganismos que lideran este ecosistema.

En este sentido es importante llevar a cabo unas buenas prácticas agrícolas, que se definen como “un conjunto de principios, normas y recomendaciones, que se aplican a las diversas etapas de la producción agrícola para garantizar principalmente el abastecimiento de alimentos sanos e inocuos” y que en este contexto tiene como finalidad mejorar la biodiversidad del suelo y, por extensión, su salud y fertilidad.

Imagen procedente de un banco de imágenes.

Estas medidas se resumen a gran escala en tres principios:

  • Aportar y conservar materia orgánica que abastezca los nichos biológicos mediante residuos vegetales y estiércol.
  • Incorporar distintas variedades de especies en espacios y tiempos separados, ya que la rotación de cultivos y el cultivo intercalado fomenta la biodiversidad, mejora el ciclo de nutrientes y los procesos naturales de biocontrol.
  • Proteger y mejorar las condiciones del suelo en términos de aireación, temperatura, compactación y disponibilidad de nutrientes, promoviendo estrategias de gestión sostenibles que eviten la labranza, el volteo y la compactación. Un manejo apropiado del suelo mediante el mínimo laboreo o laboreo cero favorece un equilibrio hacia organismos benéficos.

Así, un sistemas de manejo sostenible permitirá:

  • Aumentar el número y actividad de organismos beneficiosos de la macrofauna como artrópodos y lombrices de tierra.
  • Aumentar la incidencia de simbiontes de raíces y hongos, bacterias y otros microorganismos.
  • Aumentar los niveles de actividad microbiana para conseguir una mayor eficiencia en el reciclaje de nutrientes, una renovación eficaz de la materia orgánica, entregas más rápidas de los nutrientes de las plantas y acumulación de humus estable en el suelo.
  • Mayor control de la erosión y de la lixiviación por la mejor estabilidad de los agregados, mejor cobertura del suelo (mantillo o cultivos de cobertura) y mayor carbono total disponible, biomasa microbiana en la capa superficial del suelo y actividad de la macrofauna.