Manejo sostenible y reducción de emisiones de CO2

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Por todos es sabido que el clima es un factor determinante en la agricultura, pues el rendimiento y la calidad de las cosechas se puede ver fuertemente afectada por condicionantes como las altas o bajas temperaturas, episodios de lluvias torrenciales, viento excesivo, etc., siendo estos condicionantes los llamados factores de estrés abiótico.

Cierto es que la agricultura se ha ido adaptando a los cambios del clima de la misma forma que se adapta a los cambios estacionales o a los cambios que se producen durante el día pero, siguiendo el hilo del post anterior, el cambio climático provocado por el la acumulación de gases de efecto invernadero está llevándonos a episodios climáticos cada vez más extremos en periodos de tiempo más cortos, lo que dificulta la capacidad de los ecosistemas para adaptarse. Además, este cambio climático provoca un mayor agotamiento del suelo y, en consecuencia, un mayor gasto de insumos para mantener la rentabilidad de las parcelas.

Imagen procedente de un banco de imágenes.

Sin embargo, existen varias prácticas de manejo agrícola que contribuyen a paliar estos efectos mediante el secuestro de carbono que, como ya vimos, es importante en el suelo, a la vez que reducimos la cantidad de dióxido de carbono (CO2) en la atmósfera:

  • Cubiertas vegetales: Es una de las prácticas que más puede influir y consiste en cubrir el suelo previamente desnudo con plantas vivas o restos de plantas muertas que conforman una capa sobre la superficie del suelo, o entre las plantas ya cultivadas, como en cultivos leñosos. Así, protegen de la erosión, mejoran las propiedades físicas del suelo, fomentan el secuestro de C, aportan N mediante cubiertas con leguminosas, mejoran la biodiversidad, etc.
  • Reducir el laboreo: Esta práctica implica una menor combustión de combustibles al reducir el paso de maquinaria. Además, un laboreo excesivo puede acelerar mucho la oxidación de la materia orgánica disponible.
  • Rotación de cultivos: Consiste en la alternancia programada de diferentes cultivos en el suelo y tiene efectos positivos como la reducción de la incidencia de plagas y enfermedades, control de adventicias, mejora la distribución de los nutrientes, mejora la estructura y la dinámica del agua, se reduce el uso y el gasto en insumos, protegen de la erosión y de la  pérdida de suelo,
  • Enmiendas orgánicas: Es una de las prácticas con mayor potencial para aumentar el secuestro de carbono. La mayor parte de la materia orgánica en las enmiendas orgánicas ya está descompuesta y, por lo tanto, una gran parte del carbono agregado se almacena en el suelo y no se pierde debido a la descomposición por bacterias. Un aumento del contenido del carbono del suelo tiene beneficios adicionales como la mejora la estructura, su capacidad de retención de agua y de nutrientes, aumenta la actividad biológica en el suelo y puede aliviar el efecto negativo de los contaminantes. Además, si utilizamos compost, se pueden aportar demandas de nitrógeno, fósforo, potasio y micronutrientes, reduciendo así el uso de fertilizantes y las emisiones que se derivan de ellos.
  • Agricultura de precisión: Los análisis de suelo son una herramienta esencial para un control y manejo óptimo del ecosistema. De esta forma, los resultados contenidos en los informes nos aportarán información sobre cuándo y cómo aportar fertilizantes, evitando la pérdida de nutrientes y el exceso de fertilización y mejorando el crecimiento del cultivo.

Todas estas prácticas son importantes, pero debemos tener en cuenta que la mejor forma de aplicarlas es en consonancia con los resultados de laboratorio obtenidos, de acuerdo al tipo de suelo que tenemos, mejorando así la gestión de nuestra parcela a la vez que minimizamos las emisiones y la pérdida de suelo y fomentamos el secuestro de carbono.