Como ya sabemos, el uso intensivo de fertilizantes fue una práctica habitual hasta aproximadamente los años 60, cuando empezó la llamada revolución verde. Durante esos años se trataba de dar respuesta al crecimiento poblacional, por lo que el objetivo era producir para abastecer necesidades sin considerar la baja eficiencia de sus productos y el agotamiento que se estaba causando en los ecosistemas en general y en el suelo en particular.
Sin embargo, desde la década de los 60 se han ido fomentando prácticas agrícolas que fueran más respetuosas con el medio ambiente, más baratas y eficientes, capaces de obtener cosechas de mayor calidad y fáciles de usar para todo el mundo. De esta forma se fueron desarrollando los biofertilizantes como alternativas a los fertilizantes tradicionales con el objetivo de reducir los impactos ambientales y aprovechar mejor los recursos disponibles.

Estos biofertilizantes son sustancias compuestas por microorganismos, generalmente hongos o bacterias, que al ser aplicados colonizan la rizosfera o la planta y promueven su crecimiento por el aumento de la disponibilidad de los nutrientes. Se clasifican en cinco grupos:
- Fijadores de nitrógeno atmosférico: Géneros de bacterias de vida libre como Azotobacter spp., y Azospirillum spp. o simbióticas como Rhizobium spp.
- Solubilizadores de fósforo: Géneros como Aspergillus spp., Trichoderma spp., Bacillus spp., y Pseudomonas spp.
- Bacterias promotoras del crecimiento vegetal (PGPR): Géneros como Azotobacter spp., Bacillus spp. y Rhizobium spp.
- Micorrizas: Glomus spp., Entrophospora spp., Acaulospora spp. y Escutellaspara spp.
- Movilizadores de zinc y potasio: Pseudomonas spp., Bacillus spp y Rhizobium spp. para el zinc y Bacillus spp. y Pseudomonas spp. para el potasio.
Estos biofertilizantes pueden tener acción directa y causar beneficio en la planta o indirecta aprovechando la mejora del suelo para transmitir la mejora a los cultivos. Así, entre sus beneficios destacan:
- Mejoran el aprovechamiento del nitrógeno atmosférico.
- Mejoran la solubilidad y conductividad de nutrientes.
- Mejoran el aprovechamiento de los residuos orgánicos, consumiendo menos energía para su producción.
- No dañan el medio ambiente.
- Recuperan la materia orgánica del suelo y permiten la fijación del carbono, por lo que mejoran el entorno donde se usan.
- Mejoran la textura y estructura del suelo, aumentando su fertilidad.
- Se favorece la captación de agua, nutrientes y minerales.
- Previene la infección de patógenos y aumentan la resiliencia del suelo y los cultivos frente a las infecciones.
- Disminuyen los costes de producción.
- Mejoran la biodiversidad del suelo y ayudan a la humidificación de la tierra.
Actualmente, cada vez son más los productores que se suman al uso de estos productos más respetuosos, tratando de impactar positivamente en el entorno y revertir el agotamiento de su suelo.
