Manejo sostenible del suelo para la mejora de la materia orgánica

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En el post anterior repasamos los beneficios que aporta la materia orgánica para la fertilidad del suelo y la salud de los cultivos. Además, resaltamos que la agricultura intensiva ha ido provocando un progresivo agotamiento del suelo que ha conducido a su degradación, abandono y desertificación, obteniendo finalmente un suelo menos fértil y una menor calidad alimentaria.

Esta fertilidad hace referencia a la capacidad del suelo para dar un buen soporte a las raíces y donde puedan germinar la semillas gracias a una dinámica óptima del agua y los gases en su interior y a una adecuada reserva y disponibilidad de los nutrientes, proporción de materia orgánica y biodiversidad. Dada la importancia de la materia orgánica es fácil pensar que para bien o para mal tiene una gran influencia en el resto de los parámetros del suelo.

Afortunadamente contamos con alternativas de manejo sostenible que nos pueden ayudar a mejorar su proporción. Es importante señalar en este punto que el control de la erosión también es fundamental, pues influye de forma determinante en la pérdida de suelo y por tanto, de la propia materia orgánica. Algunas de estas alternativas son:

  • La labranza convencional con volteo de suelo ha sido una de las prácticas más desarrolladas en los últimos años. Sin embargo, está relacionada con una mayor erosión del suelo y con una mayor oxidación y, por tanto, pérdida, de la materia orgánica. En contraposición, el laboreo reducido o la cero labranza permiten mantener los residuos de cultivos anteriores en la superficie, proporcionando una descomposición de los residuos más sostenida en el tiempo y provocando un incremento de la materia orgánica en el suelo. Este hecho, junto con una mejor conservación de la estructura del suelo, también conduce a una menor erosión.
  • El control adecuado de la vegetación espontánea también puede aportarnos materia orgánica y previene de la erosión al proteger a la superficie del suelo de la lluvia y el viento.
  • Las cubiertas vegetales vives o inertes aportan también materia orgánica y aumentan la protección del suelo frente a la erosión. La diferencia entre ellas está en que las vivas se dejan crecer para luego segarlas y evitar la competencia con el cultivo, mientras que las inertes consisten en depositar subproductos de cultivo o restos de poda triturados sobre el suelo.
  • Conocer el valor real de la proporción de materia orgánica presente mediante una analítica de suelo nos ayudará también a ahorrar en insumos al permitirnos dirigir nuestras acciones en aquellos parámetros que realmente necesita el suelo, además de ofrecernos una visión general sobre su estado de fertilidad.
  • Utilizar productos que aumenten la ratio entre el carbono orgánico y el inorgánico y que aporten ácidos húmicos y fúlvicos.
Imagen procedente de un banco de imágenes.

Por tanto, un manejo racional y sostenible del suelo en su conjunto puede ayudarnos a mejorar este parámetro para poder aprovechar sus numerosas ventajas en las tres dimensiones del suelo.