La mayoría de los nutrientes del suelo pueden encontrarse en tres formas diferentes; la fracción soluble, aquella que está disponible de forma inmediata pero en muy pequeña concentración; la fracción insoluble, aquella que forma parte de los minerales del suelo y que está bloqueada o inmovilizada; y la fracción intercambiable, aquella lábil o adsorbida que pasa a la fracción soluble.

Es precisamente esta ultima la que nos interesa hoy, ya que en el complejo arcillo-húmico hace de despensa de nutrientes para nuestros cultivos, de manera que los nutrientes en su forma catiónica (carga positiva) se unen (se adsorben) al complejo arcillo-húmico, con carga negativa, permitiendo que queden retenidos para cuando sean necesarios por disminución de su disponibilidad. Este complejo está formado por óxidos e hidróxidos de hierro y aluminio, arcillas y materia orgánica que favorecen la estructuración al actuar como agentes cementantes y se ve favorecido por cationes como el calcio, microorganismos, exudados radicales y el agua.
Fuente: infoagronomo.net
Además, el complejo tiene efecto positivo en las propiedades físicas del suelo al favorecer la agregación del suelo y permitiendo la formación de poros donde circula el agua y el aire, reduciendo por tanto la compactación de los suelos y mejorando la aireación y la capacidad de retención de agua, y en las propiedades biológicas del suelo ya que, por ejemplo, un suelo con aireación adecuada permite a los microorganismos aerobios (la mayoría) llevar a cabo su actividad metabólica.
Otro efecto importante derivado del complejo arcillo-húmico es la disminución de la pérdida de nutrientes por lavado, ya que al quedar retenidos en su superficie, no se pierden por la lluvia o el riego de los cultivos hacia los horizontes del suelo más profundos, como ocurre con los nitratos que tienen carga negativa y no pueden adherirse.
Pero…¿podemos conocer la capacidad de esta despensa para almacenar nutrientes? La realidad es que sí, pues podemos medir en el laboratorio la capacidad de intercambio catiónico (CIC) del suelo. Esta CIC hace referencia a la cantidad de cargas negativas disponibles para ser ocupadas por cargas positivas, es decir, por nutrientes en forma catiónica como calcio, magnesio, potasio, sodio, manganeso o hierro. Por tanto, la CIC determina la capacidad del suelo para intercambiar y retener nutrientes, de forma que cuanto más alto sea su valor, mayor es la capacidad para almacenarlos.
Una buena gestión del suelo con prácticas sostenibles que fomenten el uso de materia orgánica para estabilizar el suelo y propiciar un buen entorno para la formación de este complejo será una parte esencial para obtener un suelo fértil y unos cultivos sanos.
