El término “microelemento” hace referencia a aquellos elementos del suelo que son requeridos por las plantas en cantidades menores en comparación a otros como el nitrógeno (N), el fósforo (P), el potasio (K) o el calcio (Ca). Sin embargo, en situaciones de deficiencia o toxicidad de alguno de ellos se puede observar en las plantas sintomatología derivada de alteraciones fisiológicas o metabólicas, es por ello por lo que los hemos nombrado “imprescindibles ruidosos” y en el post de hoy repasaremos algunos de estos elementos y sus síntomas.
El azufre (S) es imprescindible por su implicación en diversos procesos metabólicos como el plegamiento y, por tanto, estabilidad de las proteínas, su presencia en proteínas y vitaminas, promueve la nodulación en leguminosas y su implicación en la síntesis de clorofila, entre otras funciones. Sin embargo, cuando existe deficiencia provoca hojas cloróticas y delgadas y un crecimiento limitado, siendo esta sintomatología similar a la del nitrógeno. Cuando existe toxicidad, puede competir con el nitrógeno existente y provocar su deficiencia.

(Imagen: intagri.com)
El hierro (Fe) interviene en procesos vitales como la respiración celular al formar parte de numerosos complejos enzimáticos, el mantenimiento de la función y estructura de los cloroplastos (órgano imprescindible para la fotosíntesis), la fijación de N atmosférico y la síntesis de ADN, hormonas, ligninas y suberinas. En situaciones de deficiencia, bastante común en suelos alcalinos por disminución de su disponibilidad, lo más característico es la clorosis férrica, que va desde un ligero color pálido en deficiencias leves hasta una hoja totalmente amarilla en deficiencias más severas que pueden ir acompañadas de enrollamientos y deformidades. La toxicidad por Fe no es muy frecuente pero cuando ocurre ocasiona un crecimiento más lento y un sistema radicular más grueso y escaso.

(Imagen: Síntomas visuales de deficiencias nutricionales, UPR- Recinto Universitario de Mayagüez, Puerto Rico)
El cobre (Cu), por su parte, forma parte de numerosos complejos proteicos que están implicados en el metabolismo celular y en la fisiología de la planta, como la respiración celular, la fotosíntesis y la respuesta al estrés abiótico y biótico, entre otros. En situaciones de deficiencia se reduce la actividad fotosintética y otras reacciones químicas celulares, ocasionando menor crecimiento de la planta, puntos necróticos en las hojas y pérdida de vigor en ramos y tallos, entre otros efectos. Su toxicidad no es frecuente, pero afecta al desarrollo radicular, provoca daños oxidativos y limitación en la absorción de otros nutrientes como el magnesio (Mg) y el Fe.

Aunque existen otros microelementos cuyo papel también es importante, es evidente con solo tres ejemplos que es imprescindible mantener el suelo en equilibrio en términos de cantidad y disponibilidad de elementos, pues todos afectan al desarrollo de los cultivos y forman parte de la perfecta red interconectada que conforman el suelo y los cultivos y que siempre mencionamos. Por tanto, un manejo sostenible del suelo en su dimensión física, química y biológica es esencial para mantener ese equilibrio y garantizar un rendimiento óptimo y sostenible.
