El estudio analítico del suelo y el agua de riego

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El suelo es un complejo ecosistema en el que se dan numerosas relaciones físicas, químicas y biológicas que posibilitan la agricultura. Sin embargo, la agricultura intensiva llevada a cabo en los últimos años ha provocado un agotamiento del suelo. Este hecho, unido con la imposibilidad de saber cómo está nuestro suelo y qué necesita realmente es lo que nos lleva a la necesidad de realizar análisis del suelo.

Además, en el suelo los nutrientes pueden estar presentes de diferentes formas y no todas ellas están disponibles para las plantas. Un ejemplo es el fósforo, que en el suelo es un elemento poco móvil y solo una pequeña parte es soluble y asimilable por los cultivos, por lo que un análisis de suelo nos puede ayudar a saber si realmente debemos incluirlo en nuestro plan o si la forma en la que lo incorporamos es la más efectiva.

Imagen procedente de un banco de imágenes.

Así, estos análisis nos permiten gestionar de la forma más eficiente los recursos agronómicos y económicos que tenemos al facilitarnos la planificación de qué, cuándo y cómo fertilizar, aumentando la eficiencia, fertilidad y rentabilidad. De esta forma cada vez son más los agricultores que se atreven a dar un salto tecnológico y contratar un análisis de laboratorio junto con un asesor que interprete sus resultados y le ayude a sacar el máximo rendimiento de su suelo con el menor gasto e impacto medioambiental.

Por otra parte, es esencial realizar analíticas del agua de riego para conocer su composición en relación a parámetros como la salinidad, la sodicidad y la dureza, así como la presencia de nutrientes que pueden ser tóxicos para los cultivos si se encuentran en exceso, como el cloro, o microorganismos que provoquen riesgo en las personas y los cultivos.