En posts anteriores hemos visto lo determinantes que son la textura y estructura del suelo para otras propiedades como la porosidad y la disponibilidad del agua en el suelo. Así, la disposición y el estado de agregación de arenas, limos y arcillas en el suelo dan lugar a macro y microporos por donde circula el aire y el agua.
De esta forma los macroporos son responsables del drenaje rápido y la aireación pero no de la retención del agua, mientras que los microporos sí la retienen. En cuanto a la textura, un suelo arcilloso retiene más agua y en él hay más probabilidad de encharcamiento y anoxia, seguido de uno franco, uno limoso y uno arenoso, el que menos agua retiene.

El conocimiento de estos conceptos físicos nos puede ayudar a entender cómo es la dinámica del agua en nuestro suelo y a optimizar el uso de este recurso. Para este fin, además, se manejan otros parámetros:
- Tras lluvias o riegos intensos el agua ocupa todos los poros del suelo y se satura, se mueve hacia perfiles más profundos gracias a la gravedad hasta que llega un punto en el que el drenaje es muy pequeño y se estabiliza el agua contenida. Ese punto es la capacidad de campo, es decir, la cantidad de agua que el suelo retiene después de saturarlo y dejarlo drenar libremente.
- El punto de marchitez permanente es el punto en el que las plantas no pueden tomar más agua, pierden agua por transpiración y turgencia y se marchitan.
- El agua que las plantas pueden absorber, la capacidad disponible de agua, es el agua que hay entre la capacidad de campo y el punto de marchitez permanente.
- La capacidad de retención de agua, es decir, la dependencia entre el contenido del agua y el potencial del agua del suelo que a su vez depende, como hemos visto, de la textura, estructura y contenido en materia orgánica.
- La capacidad de drenaje, es decir, la capacidad de absorber el agua que se encuentra en la superficie del suelo después de lluvias o riego. Un drenaje lento podrá provocar asfixia radicular pero un drenaje rápido no permitirá aprovechar los nutrientes el agua de riego.
Aunque la dimensión física del suelo sea la gran olvidada, es evidente que sin unos parámetros físicos óptimos difícilmente podremos obtener cosechas rentables de calidad, pues posibilitan un aprovechamiento eficaz del agua y los nutrientes disponibles para los cultivos. Es por ello por lo que continuamente resaltamos la necesidad de aplicación de prácticas sostenibles que aporten materia orgánica para mejorar la estructura y porosidad del suelo, la reducción de la labranza para conservar su textura y estructura, además de innovaciones tecnológicas como la monitorización de la humedad del suelo para la optimización del uso del agua y las analíticas de suelo.
Aunque la dimensión física del suelo sea la gran olvidada, es evidente que sin unos parámetros físicos óptimos que aseguren una estructura adecuada difícilmente podremos obtener cosechas rentables de calidad, por lo que el aporte de materia orgánica y la reducción de la labranza y el volteo del suelo son ejemplos de prácticas sostenibles esenciales que, junto con innovaciones tecnológicas como la monitorización de la humedad del suelo y las analíticas de suelo, posibilitan el aprovechamiento eficaz de los recursos.
