En entradas anteriores hemos repasado la importancia del suelo en términos biológicos, pues alberga la mayor variedad de organismos vivos del planeta, siendo un ecosistema muy rico en biodiversidad. Es esta riqueza la que posibilita la vida en La Tierra pues en el suelo se dan procesos biológicos imprescindibles como la mineralización de la materia orgánica o la simbiosis con las raíces de las plantas.
Además, sabemos que en el suelo se dan numerosas relaciones que hacen del suelo un ecosistema complejo. En este sentido, una de estas relaciones es la simbiosis, una asociación entre organismos de diferentes especies de forma que ambas se benefician de esa asociación. Es esta asociación la que permite procesos como la fijación del nitrógeno atmosférico. En el post de hoy veremos dos tipos de simbiosis que se dan en el suelo:
- Bacteria-raíz: Las bacterias llamadas nodulantes de leguminosas pertenecientes al género Rhizobium spp. forman nódulos en las raíces de las leguminosas para facilitar la fijación de nitrógeno atmosférico para la raíz. A cambio, la planta aporta carbohidratos obtenidos durante la fotosíntesis que sirven de sustrato para los procesos metabólicos de estas bacterias. Este proceso implica un reconocimiento específico y un acercamiento entre ellos, el cual está mediado por compuestos orgánicos que segrega la raíz. Además de favorecer la fijación de nitrógeno, esta asociación mejora la estructura del suelo, modifican el entorno químico de la rizosfera (por ejemplo con variaciones del pH) y producen sustancias que estimulan o inhiben el crecimiento de colonias bacterianas, pudiendo ejercer funciones de biocontrol.

Hongo-raíz: Esta asociación se produce gracias a que la planta aporta fuentes de carbono que produce en la fotosíntesis y un nicho ecológico, y el hongo favorece la nutrición de la planta gracias a sus hifas, que aumentan la superficie de exploración y captación de nutrientes y agua del suelo. Así, además de favorecerse el intercambio de nutrientes, mejora el crecimiento de la planta y la tolerancia al estrés biótico y abiótico, aumenta la retención de compuestos tóxicos y mejoran los rendimientos de las cosechas. En esta asociación también es imprescindible que hongo y raíz se reconozcan, pues uno de los principales obstáculos para la micorrización es la especificidad entre ellos. Dentro de este grupo destacan las endomicorrizas, donde el micelio del hongo se instala dentro de las células de la raíz, y las ectomicorrizas, donde el micelio no entra dentro de las células si no que forma una gran vaina.

Sin embargo, a pesar de las importantes ventajas que aportan estas relaciones, la agricultura intensiva con prácticas como el monocultivo o el uso excesivo de herbicidas ha provocado que algunas plantas presenten serias dificultades para micorrizar. Es por ello por lo que un manejo sostenible y eficiente del suelo puede ayudarnos a sentar las bases de un entorno apropiado para que los componentes del suelo se asocien en favor de la vida en nuestro suelo.
