El premio gordo del suelo: La biodiversidad

En un día como hoy no podríamos hablar de algo que no fuera relacionado con la suerte y no se nos ocurre mejor tema que la biodiversidad.

Como ya hemos comentado, el suelo es un ecosistema repleto de vida, pues alberga la mayor variedad de organismos vivos formando una enorme red que los interconecta, posibilitando la vida en nuestro planeta. Esta variedad es la biodiversidad. ¡Cuántos de ellos quedarán aún por descubrir! Sin embargo, cada suelo es diferente y, por tanto, cada uno presenta unas características concretas de temperatura, humedad, acidez, concentración de oxígeno, etc., que permiten la vida de un grupo enorme de seres vivos diferente.

Existen varias formas de agruparlos, pero al hablar de suelo es frecuente organizarlos como macro, meso y microfauna en función de su tamaño. Hoy hablaremos un poco de estos grupos y de por qué es una suerte contar con ellos:

La microfauna son microorganismos de un tamaño inferior a 0,1 mm, imprescindibles para la mineralización de la materia orgánica (MO) y, algunos de ellos, para el correcto funcionamiento de varios ciclos biogeoquímicos como el ciclo del nitrógeno o del fósforo. Aunque algunos de ellos causan enfermedades en las plantas, son importantes representantes de este grupo las bacterias y los hongos. Por ejemplo, bacterias del género Bacillus spp. son especialmente importantes solubilizando fósforo y Nitrosomonas spp. y Nitrobacter spp. son imprescindibles en el ciclo del nitrógeno. Por otro lado, los hongos tienen un papel muy activo en la descomposición de la MO y algunos pueden establecer relaciones de simbiosis con las raíces de las plantas, aportando beneficio al suelo y al propio cultivo.

Imagen procedente de un banco de imágenes.

La mesofauna comprende a invertebrados de entre 0,1 mm y 2 mm que habitan en la superficie del suelo (ácaros, colémbolos, sínfilos, proturos, dipluros, etc.). Estos seres vivos participan en la descomposición de la MO gracias a la fragmentación de los restos vegetales, la mineralización de la MO y la mejora de la estructura física del suelo gracias a la formación de agregados y la construcción de galerías en su interior. Además, son muy sensibles a las perturbaciones del medio, por lo que se consideran un buen indicador del estado de conservación del suelo. Los colémbolos, por ejemplo, intervienen en el reciclaje de la MO, participan en la formación de humus y mantienen poblaciones favorables de hongos y nemátodos a la vez que ejercen tareas de biocontrol frente a patógenos.

Fuente: ResearchGate.

Por último, la macrofauna, que comprende organismos de entre 2 y 20 mm (lombrices, isópodos, diplopodos, quilópodos, insectos, etc.). En este caso forman comunidades entre ellos de forma que contribuyen al buen funcionamiento del ecosistema a la vez que forman macro y microporos en el suelo mejorando la estructura, infiltración de agua y aireación del suelo, crean agregados, regulan la dinámica de la MO, fragmentan restos vegetales y favorecen la humificación.

Imagen procedente de un banco de imágenes.

En vista de todos los beneficios que aportan… merece la pena preservarla y probar suerte, ¿no?