El complejo arcillo-húmico: imprescindible para la fertilidad del suelo

El complejo arcillo-húmico es una parte esencial de la fracción química del suelo formado por partículas coloidales de arcilla, humus y calcio que floculan en el suelo y que determinan su actividad química, funcionando como una auténtica despensa para los cultivos.

En la solución del suelo se encuentran aniones y cationes de todo tipo que proceden de la mineralización de la materia orgánica o del aporte de abonos que, al llegar al suelo y en contacto con el agua, se disocian en aniones y cationes. Por su parte, el complejo arcillo-húmico presenta cargas negativas en su superficie, teniendo la capacidad de adsorber cationes, con carga positiva. Sin embargo, los aniones al tener carga negativa son susceptibles a perderse por lavado o escorrentía, ya que no se adsorben por repulsión entre cargas iguales, razón por la cual es tan importante una adecuada gestión del nitrógeno en los planes de fertilización, ya que el anión nitrato (NO3-) tiene carga negativa y es fácilmente lavable hacia perfiles más profundos del suelo, resultando en una nutrición ineficiente de los cultivos y pudiendo ocasionar problemas ambientales.

Imagen: Agromatica.

De esta propiedad del suelo surge la capacidad de intercambio catiónico, un parámetro que podemos medir en el laboratorio y que hace referencia a la cantidad de cargas negativas disponibles para ser ocupadas por cargas positivas, es decir, por nutrientes catiónicos como el calcio, el magnesio, el potasio, el hierro, etc., imprescindibles para la nutrición de los cultivos.

Para aumentar su valor y, por tanto, aumentar la capacidad de “despensa” del suelo es imprescindible el aporte de materia orgánica y llevar a cabo prácticas de manejo que preserven la estructura del suelo, disminuyan la erosión y preserven el contenido de materia orgánica y humus en el suelo.