La materia orgánica es una propiedad esencial para la fertilidad del suelo. Esta es la mezcla heterogénea formada por la acumulación de residuos vegetales y animales en descomposición junto con la biomasa microbiana que se acumula en los primeros centímetros de la superficie del suelo y el mantillo. Al estar formada por varios tipos de residuos, su composición es variable, pero suele estar formada por hidratos de carbono, ácidos orgánicos, lípidos, aminoácidos, etc.

Pero, ¿por qué es tan importante?
La materia orgánica tiene un impacto importante en las tres dimensiones del suelo y, aunque solemos centrarnos más en su impacto químico y biológico, también es esencial para sus propiedades físicas:
- Mejora la estructura del suelo mediante la formación de micro y macroagregados, debido a que los coloides orgánicos (ácidos húmicos, polisacáridos, lípidos, etc.) se unen con los minerales arcillosos presentes en el suelo y dan como resultado una mayor fuerza de adhesión y una mayor estabilidad de los agregados.
- Esta mejora en la estructura conduce a una mejor porosidad, mejorando por tanto la permeabilidad del suelo al agua y al aire y la capacidad de retención de agua.
- Una mayor proporción de materia orgánica hace que existan menos variaciones de temperatura en el suelo, evitando cambios bruscos que puedan afectar al metabolismo de los microorganismos presentes o de las plantas.
- Determina la susceptibilidad a la erosión hídrica y eólica, la compactación y el encostramiento, de manera que un suelo pobre en materia orgánica es mucho más vulnerable.
- La tendencia a la compactación también determinará la velocidad de infiltración del agua, parámetro que determinará el tiempo de riego que necesitaremos para reponer una cantidad de agua en el suelo necesaria para satisfacer las necesidades del cultivo.
Estas mejoras en los parámetros físicos resultarán en beneficios para otros parámetros químicos y biológicos, razón por la cual es tan importante preservar y favorecer el uso y mantenimiento de la materia orgánica, de forma que abra la puerta a mejorar también el resto de las propiedades y, por tanto, su fertilidad y equilibrio del ecosistema.
