Hongos y raíces del suelo: win to win

El suelo es uno de los sistemas más complejos debido al gran número de relaciones que se dan en él. Una de estas relaciones es la simbiosis, una asociación entre organismos de diferentes especies de forma que ambas resultan beneficiadas. Ya vimos que la simbiosis en el suelo puede ocurrir entre bacterias u hongos con las raíces de las plantas. Hoy nos centraremos en la relación hongo-raíz.

Imagen: Micorriza arbuscular vista por microscopía (fuente: Symborg).

Esta relación ocurre gracias a que la planta aporta fuentes de carbono producidas durante la fotosíntesis y un nicho ecológico y, a cambio, el hongo favorece la nutrición de la planta gracias a sus hifas, que aumentan notablemente la superficie de exploración en el perfil del suelo y la captación de agua y nutrientes.  De esta forma, esta simbiosis permite:

  • Mejorar el intercambio de nutrientes.
  • Mejora el crecimiento de la planta y su tolerancia a distintos tipos de estrés.
  • Aumenta el rendimiento de los cultivos.
  • Aumenta el secuestro de carbono.
  • Favorece el equilibrio entre la absorción y retención de compuestos tóxicos.
  • Mejoran las propiedades del suelo.

Dentro de los tipos de micorrizas encontramos:

  • Endomicorrizas o micorrizas arbusculares: El micelio del hongo se instala en el interior de las células parenquimales de la raíz y forman el arbúsculo para el intercambio de nutrientes y, en algunos casos, vesículas lipídicas. Ocurre en más del 80% de las plantas.
  • Las ectomicorrizas: Son aquellas que se forman fuera de la raíz mediante la formación de una gran vaina, aunque el micelio solo penetra parcialmente en los espacios intercelulares de los tejidos, sin entrar dentro de las células, formando un sistema llamado red de Harting.

Para que la asociación exista debe darse completarse el proceso de micorrización, que se divide en dos fases:

  • Fase presimbiótica: Comienza con la germinación de las esporas (único proceso independiente de la planta), continúa con el crecimiento y ramificación de las hifas y finaliza con la formación del apresorio y la entrada en la raíz.
  • Fase simbiótica: Comienza con el crecimiento intercelular de las hifas (tipo Arum o tipo Paris), continúa con la formación los arbúsculos y finaliza con la formación de las vesículas y el desarrollo del micelio extraradical.

Sin embargo, conseguir esta asociación no es sencillo, ya que la principal dificultad que el hongo encuentra para colonizar la raíz es la especificidad entre ambas. Por ejemplo, la avena no presenta dependencia micorrícica pero el maíz sí. Además, determinadas prácticas de manejo del suelo afectan a su formación, como el uso de fungicidas, que acaban con los hongos patógenos pero también con los beneficiosos, o la labranza, que pueden romper el micelio del hongo, por lo que una vez más se pone de manifiesto la importancia de la sostenibilidad en el manejo del suelo junto con la consideración de las dimensiones física, química y biológica, como en este caso.